Supe desde muy joven que vivir con dos mujeres no era natural. Lo pude ver especialmente en las casas de mis amigos que tenían una mamá y un papá. Pasé tanto tiempo con esos amigos como pude. Añoraba el cariño que mis amigos recibían de sus papás. Quería saber cómo era ser sostenida y apreciada por un hombre, cómo era vivir con uno día a día.
Añoraba el cariño que mis amigos recibían de sus papás. En lo que a mí respecta, ya tenía una madre; No necesitaba otro. Mi sueño era que mi madre decidiera que quería volver a estar con hombres, pero obviamente ese sueño no se hizo realidad. Mis abuelos y tíos hicieron lo mejor que pudieron a la hora de pasar tiempo conmigo y hacer todas las cosas de papá e hija, pero no era lo mismo que tener un padre a tiempo completo, y yo lo sabía. Siempre se sintió de segunda mano.
Crecer sin la presencia de un hombre en mi hogar me perjudicó personalmente. Todo lo que quería desde que era una niña era una familia normal. Cuando me gradué de la escuela secundaria, mis pensamientos no estaban del todo donde debían estar. Mientras mis amigos estaban entusiasmados con la universidad, faltaba una parte de mí y sabía que nunca me sentiría completo hasta que lo encontré...
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